Bajo un cielo despejado que anunciaba un fin de semana lleno de acción, las instalaciones deportivas Kanpondoa de Agoitz, en Navarra, fueron el escenario del esperado Encuentro Anual de Monociclos. El evento, organizado por Asier, reunió a una vibrante comunidad de monociclistas provenientes de Cataluña, Euskal Herria, Palencia, Madrid y Galicia, en una cita que se ha convertido en una referencia dentro de este peculiar y desafiante deporte.

Viernes: Mini DH en Agoitz
La tarde del viernes, la adrenalina se apoderó del ambiente con la mini DH (downhill) que recorrió las colinas cercanas a Agoitz. Los monociclistas, desafiando la gravedad y los terrenos inclinados, mostraron una destreza que dejó boquiabiertos a los espectadores. La dificultad del recorrido, con pendientes pronunciadas y curvas cerradas, no fue impedimento para que cada participante ofreciera lo mejor de sí, dejando en claro que el monociclo no es solo cuestión de equilibrio, sino también de habilidad y valentía.

Sábado por la mañana: MUNI en Zubiri
El sábado comenzó con fuerza. En la tranquila localidad de Zubiri, se llevó a cabo la esperada competición de MUNI (Mountain Unicycling). Los senderos, rodeados de vegetación y con vistas espectaculares de los paisajes navarros, se convirtieron en el campo de batalla. Los participantes, desafiando terrenos irregulares, rocas y raíces, se lanzaron cuesta abajo con una soltura que impresionaba. Cada bajada, cada salto y cada giro requerían concentración y control absoluto del monociclo. La competencia fue reñida, pero más allá del resultado, reinaba el espíritu de camaradería entre los monociclistas.

Sábado por la tarde: Baloncesto y Ciclocross en Agoitz
La tarde trajo consigo un cambio de ritmo, pero no de emoción. En las instalaciones de Agoitz, los participantes se enfrentaron en una dinámica partida de baloncesto en monociclo. Ver a los jugadores maniobrar sobre una rueda, controlando tanto el balón como su equilibrio, fue un espectáculo digno de admirar. Los pases precisos, los giros rápidos y los lanzamientos al aro mientras se mantenían sobre el monociclo arrancaron aplausos y vítores del público, que disfrutó cada minuto.
Poco después, llegó el turno del ciclocross, una prueba que combinó velocidad y resistencia en un circuito diseñado para poner a prueba tanto la habilidad técnica como la fortaleza física de los participantes. Entre obstáculos naturales y artificiales, los monociclistas demostraron su capacidad para adaptarse a terrenos diversos, sorteando con agilidad barro, arena y subidas exigentes. La combinación de deporte y diversión fue evidente en cada vuelta al circuito.
Por la noche un poco de unihokey de fuego.


Domingo: Ruta de MUNI en Ezkaba
El cierre del evento fue por todo lo alto con la ruta de MUNI en Ezkaba, una montaña cercana que ofreció un recorrido ideal para los amantes del monociclismo de montaña. La mañana dominical comenzó con una subida entre senderos arbolados que ofrecían vistas espectaculares del valle. La ruta, desafiante por sus tramos técnicos y descensos abruptos, fue una prueba tanto de la habilidad individual como del trabajo en equipo. Aunque algunos tramos obligaron a los participantes a detenerse y reconfigurar su estrategia, el ambiente estuvo lleno de risas y complicidad.
Al finalizar la ruta, las caras de satisfacción entre los participantes no solo eran un reflejo de haber completado el recorrido, sino de haber compartido un fin de semana inolvidable entre aficionados y expertos de un deporte tan singular.
Conclusión: El monociclo une fronteras
El Encuentro Anual de Monociclos en Agoitz fue más que una serie de competiciones; fue una celebración del monociclismo como deporte y estilo de vida. La diversidad de los participantes enriqueció aún más la experiencia, consolidando el evento como un espacio de encuentro entre culturas y aficionados.
Durante tres días, Agoitz, Zubiri y Ezkaba se convirtieron en el epicentro de la pasión por el monociclo, y ya se siente en el ambiente la emoción por la próxima edición. Porque en el monociclo, como en la vida, no solo importa el equilibrio, sino también las caídas, los aprendizajes y, sobre todo, el compañerismo que surge en cada kilómetro recorrido


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